“La verdad siempre es tragicómica“, escribía hace unos días Paco Ortega en su blog, sobre el Hamlet que Kenneth Branagh hizo para el cine en 1996. Y yo estaba dándole vueltas a cómo empezar una entrada dedicada al último cómic que he leído “Una aventura rocambolesca de Signund Freud: Tiempo de perros“, por el genial Manu Larcenet.
Y es que esta BéDé (Bande Dessinée=cómic) empieza en tono humorístico pero conforme avanza la historia, el contenido filosófico y la tragedia ganan terreno, aunque sin llegar a perder esos guiños de humor que hacen que la verdad pase, que las penas con pan sean menos penas.
Este cómic nos lleva al oeste americano donde Sigmund Freud y su ayudante Igor llegan desde Viena con la intención de psicoanalizar al los habitantes de ese nuevo país que es EEUU. El psicoanálisis y sus clichés dan mucho juego para hacer chistes en toda la historia, como en cualquier buena película de Woody Allen.
Esta extraña pareja se encontrará en su viaje por América con Spot, un perro que no quiere vivir como esclavo de los hombres, y que ha escapado de la cárcel en la que encierran de por vida a los perros vagabundos y desobedientes. Spot llega a un acuerdo con Freud e Igor: El se dejará psicoanalizar a cambio de que la pareja austriaca le ayude a ir a Tacomo, donde se supone que vive un chamán indio que puede hacer realidad el sueño de Spot: Darle un alma.
La historia supone una defensa de la individualidad y de la diferencia frente al reduccionismo y la barbarie autoritaria del pensamiento único que, como diría Machado, “rechaza cuanto ignora“. Este cómic nos hará reír y llorar, y lo que más me ha gustado es su capacidad de sugerir otras historias, otros personajes (por ejemplo, Quijote y Sancho), así como las bellas viñetas que Larcenet dedica a los personajes atravesando los cañones y desiertos americanos.




A dos metros bajo tierra.
Deadwood



