Albert Camus describía lo absurdo como una persona gesticulando en una cabina de teléfonos.
Ay Sr Camus, qué diría usted si viese a la gente hablando y gesticulando sola por la calle, mandando mensajitos mientras conducen, o provocando el incendio de un bloque de pisos para después grabarlo por el móvil.

Si Camus escribiese El extranjero hoy día, Mersault, su indolente protagonista, tras asistir al entierro de su señora madre se habría puesto a jugar a la Wii