A raíz de un comentario de Ella en la entrada anterior, me preguntaba que si el himno o la bandera actual de España no despertaban en mí grandes sentimientos, ¿cuál era entonces mi país?.
Recordé entonces una entrevista donde el gran cantante belga Jacques Brel hablaba de los países y de las patrias. Pongo aquí sus palabras, pues ilustran perfectamente mis ideas sobre este tema:

“Ser de un país es un origen, una necesidad de saber que se es de un sitio; Yo, por ejemplo, necesito un olor, que es el olor a mermelada que hacía mi abuela. Ese es mi país, el olor de esa mermelada. Que eso haya tenido lugar en Flandes, en Bélgica, o en Polonia poco importa. Pero hay que saber que se es de un sitio, hay que saber que se ha sido niño alguna vez. Para mí eso sí es importante”.

Mi visión sentimental de las patrias y los países hacen que me sea indiferente que abucheen un himno o que quemen una bandera. Para mí son anécdotas, por aquello de que no ofende quien quiere sino quien puede. Sin embargo me duele que aquellos que dicen representar al país roben 7 millones de €uros de un ayuntamiento gaditano, y que mientras tanto haya este curso 2000 plazas de profesores sin cubrir en Andalucía.

Quizás deberíamos sustituir las banderas por olores, colores, sonidos, y pequeños éxitos a prueba de gasolina y de abucheos. ¿O es que alguien se atrevería a silbar a la mermelada de la abuela de Brel por mucho que odie a los belgas?