
Llegó como una niña con su tocadiscos bajo el brazo, lo puso en el suelo, y en cuclillas, ordenó los LPs que usaría al principio de cada canción.
Su sonrisa me recordó a la de una estatua que vi en Grecia, bueno, en una película de Truffaut, porque yo nunca fui a Grecia.
Las canciones iban cayendo como caen las hojas de érable en otoño en Canadá, salvo que era primavera y estábamos en el Puerto de Santa María, por lo que diremos arce y no érable, aunque me guste más la palabra francesa porque decir érable me hace saborear en la boca el sirope que se saca de la savia de este árbol.
Para los bises me acerqué al escenario, y cantó Si tu disais, y ella sabía que el público estaba más que prêt, preparado, pues la travesía estaba terminando.
Y tal como vino, se fue, y nosotros nos marchamos en silencio oyendo el ruido de nuestros pies pisando las hojas caídas de érable.

Qué envidia!! parece que fue una buena velada
Besos!
Comment by Ella — April 5, 2009 @ 7:59 pm
Fue precioso. Muy sencillo. Dejando caer canciones como un niño que reparte caramelos el día de su cumpleaños.
Y ver cantar a dos palmos de ti a una de las mejores intérpretes de la chanson actual es todo un placer.
Lo que no entiendo es que entre canción y canción hablase en inglés, cuando en la sala había un montón de franceses y belgas
A ver si hablamos pronto Sug…
Comment by Admin Sorel — April 10, 2009 @ 6:57 pm