Es una verdad universalmente reconocida, que para atravesar una frontera sólo hace falta una maleta. Y para atravesar las fronteras de la imaginación Thomas Fersen sólo necesita de una maleta llena de sueños llamada Germaine, con la que abre su nuevo disco “Trois petits tours” (2008).

Este disco habla de maletas que acompañan a su dueño, de estuches de ukeleles que se confunden con armas de fuego en los aeropuertos, de perros policía que olisquean nuestras cosas y se comen nuestro chocolate, etc. La idea del registro, del control de nuestros asuntos triviales o íntimos por parte de policías aburridos se repite en varios temas del disco, formando parte inevitable del viaje. Aunque cualquiera que vea las fotos que incluye el CD, con Fersen luciendo trajes que no sólo son de otra época sino de otro mundo, quizàs pueda pensar que tanto registro esté justificado, y que el parisino se lo tiene bien merecido por componer esas letras llenas de situaciones e imágenes impensables en el anodino mundo en que vivimos. Hay que recordar que esto siempre hace que uno sea sospechoso.

Tampoco faltan las canciones dedicadas a cosas tan simples como las moscas (Les mouches). Las rimas fáciles (mouche, bouffe, louche, touche, couche,…) evocan más de lo que muchos otros músicos soñarían con sugerir. Las omnipresentes maletas reaparecen en “Ce qu’il me dit“, y esta vez son las guitarras las que nos pintan ese paisaje de huída desesperada en vagones de tercera, huída del compromiso y de una vida convencional. Para estos anarquistas del corazón, estas maletas son las únicas compañeras de viaje posibles.

Y habrá quién pensará que al final del disco Thomas Fersen se resigna y recupera la cordura, pues escuchando el ritmo pausado y reflexivo de “Concombre” se podría pensar así. Sin embargo, las letras nos quitan la razón inmediatamente pues la canción habla de un extraterrestre ferseniano que aterriza en la tierra a bordo de un pepino gigante. Como no podría ser menos, este extraterrestre lleva sombrero y antes de establecer contacto con nosotros, pobres terrícolas del país de la cordura, tiene que esperar a que salga su inseparable maleta, como todo sufrido viajero de la T4.

En fin, que quien quiera seguir a Thomas Fersen en viajes que serían la envidia de Alicia en el país de las maravillas, por mundos donde la música es color y los instrumentos se convierten en objetos cotidianos con usos inesperados, no tiene más que seguir el camino de ukeleles que “Trois petits tours” propone. Todo a condición de no llevar consigo más que una pequeña maleta en la que, si te organizas bien, doblando los calcetines y los jerseys como hacía tu madre, aún sobra sitio para tus sueños y para ir recogiendo flores por el camino.

Hermoso disco, señor Thomas Fersen.