Decidió seguir el consejo del hombre más sabio que conocía, y se preparó para emprender el viaje que le llevaría a conocerse a sí mismo. Sin embargo, al alba, con la mochila preparada, el pasaporte en la mano, la cantimplora de agua rebosante, se hizo la pregunta que le había rondado la cabeza esa noche:
¿Qué yo mismo buscar?
¿Ese que soy ahora y que empujado por las preguntas sale de su casa, abandona a su familia y se dirige a un viaje incierto?
¿O el que fui cuando era joven, cuando los días se llenaban con los apuntes de la facultad, las canciones de Brel, y las páginas del Ulysses?
¿O quizàs el que fui hace menos tiempo, cuando las fronteras me aprisionaban y traspasarlas era mi forma de alejarme y al mismo tiempo acercarme a los demás?
¿O por qué no? ¿Acaso ese yo mismo que hoy me dispongo a buscar, no serà el que seré algún día, ese que aún no soy y todavía no conozco?
En ese instante mis preguntas me parecieron más pesadas que mi mochila, por lo que, sacando del bolsillo la llave que minutos antes había prometido arrojar al primer río que cruzase en mi viaje, abrí la puerta y entré en mi casa.
Nota del autor: Mi proof-reader està de vacaciones.

