Me dijo que era un poco psíquica, y que podía adivinar las cosas antes de que ocurriesen, lo cual me pareció bien, pues era de noche e íbamos en mi coche camino de su apartamento.
Luego me comentó que ademàs era sinestésica, y ahí empecé a preocuparme. El “eres la mujer de mi vida” que le dije en medio de la cena sabía como el peor beaujolais nouveau , y mi “te querré para siempre” tenía el color del veneno de la traición de Hamlet a Ophelia.
Mientras conducía, empecé a pensar en una manera de decir “tengo una reunión mañana temprano en la oficina” que, al menos, oliese a rosas de mayo.