Como a Picasso, me llegó la inspiración, pero me pilló estudiando oposiciones. Y claro, como no podía dejar pasar esta oportunidad única de sentirme lleno de ideas brillantes y propias, quise escribir una colección de poemas que inmortalizasen a mi amada. Para mi disgusto, me salió un libro de AR. Luego me puse a componer una canción, y me sorprendí a mí mismo cantando una cosa extraña a la que llamé Chiki-chiki.
Deseché ambas ideas y pensé que era mejor seguir estudiando mis temas, porque con el arte nunca podría hacer dinero.