El día que tomó la decisión de empezar a escribir su diario no se percató de que había firmado su sentencia de muerte. En su afàn por dejar constancia de su existencia sintió la necesidad de registrar todo cuanto hacía, todo lo que le ocurría, sin poder dejar pasar mucho tiempo entre la experiencia y su inclusión en el diario. Escribía con tanta pasión que llegó a creer que algo malo le pasaría si no lo hacía.
Es por eso que por las noches al poco de acostarse tenía que levantarse a escribir que se había acostado. Y volviendo a la cama se estremecía al saber que tendría que dejar constancia de esa visita a su diario antes de quedarse dormido.
Casi vencido por el sueño, encontró la forma de salir de ese círculo vicioso. Decidió que para ganar tiempo, tendría que ir escribiendo no lo que le había pasado, sino aquello que le iba a ocurrir. Si lograba inventarse su vida para las próximas 8 horas, pensó que dispondría de 8 horas de sueño hasta que llegase el momento de seguir escribiendo. Se trataba de adelantar al tiempo, y de engañar al diario.
Es así como se convirtió en escritor.
Otro día contaremos cómo nuetro héroe se obsesiona con vivir la vida que él mismo preescribía en su diario para ganar tiempo, y de como así alcanzó algunos de sus sueños màs hermosos.