Me gustaría decir que una vez más, pero mentiría. Yo no soy así. Ayer estuve en un bar hasta casi que cerraron, hablando con el camarero, y con algunos “regulars” que pasaron por allí a eso de la 1 da la noche.
A todos, los conocí esa misma noche.
Vaya tertulia. Sin venir a qué, hablábamos de música,alcohol, series de dibujos animados de nuestra época (de la de cada uno, porque las edades eran dispares si bien todos pasábamos de la treintena). Eso sí, el tema estrella fue el Chavo del 8.
Un chico cubano nos habló de los dibujitos que ponían en Cuba, y de cómo la situación política determinaba qué series se veían en la isla. Así, los dibujos americanos de Hannah Barbera eran muy conocidos hasta principios de los 70. Entonces, por no sé qué crisis, les cerraron el grifo, y empezaron a llegar dibujitos animados soviéticos.
Claro, no nos sonaban de nada. Pero lo que más gracia tuvo fue cuando nos imaginábamos el choque cultural. ¿Qué pensaría un chico cubano viendo dibujitos de pingüinos, gente con anoraks, nieve, etc? Les debía parecer algo de otro mundo, de un mundo donde hace frío.
Después nos reimos un rato de los holandeses, no sé porqué. Quizás porque odian que todo el mundo les hable en alemán? O porque tienen una extraña afición por los grandes montajes de fichas de dominó? Sólo sé que algunos son muy crueles, y si algún pobre pajarillo se cuela en una exposición de figuras de dominó, los holandeses no pueden sino dispararle, porque cualquier aleteo puede echar por tierra el trabajo de meses.
