Un teléfono suena en un despacho lleno de papeles. Alguien con cara de haber dormido mal se acerca, respira hondo y coge el teléfono.
- IES Jorge Javier Vázquez, buenos días.
- Hola buenas, ¿el instituto?
- Sí, aquí es, dígame.
- Quiero hablar con el tutor de mi hijo, un tal David.
- Soy yo, ¿en qué puedo ayudarle señora?
- Sí mira, es por mi hijo, que lleva unos días que se porta mal en casa, que hace lo que le da la gana, responde de malos modos… En fin. Ayer sin ir más lejos estuvo hablando todo el tiempo mientras veíamos la tele, haciendo ruidos con la boca, etc. Era insoportable. Le hemos tenido que poner un parte de disciplina porque estaba afectando al derecho de la familia a ver la tele tranquila.
- Ah, ¿sí? ¿Su Miguelito?
- Sí, sí, mi Miguelito. Yo no sé la imagen que tienen ustedes de él en el instituto…
- Una bellísima persona.
- Pues en casa tendría usted que verlo, sobre todo por la tarde y antes de acostarse, que no vea usted la que nos lía por cualquier chorrá, que si el mando de la tele, que si no se quiere acostar porque está con la Pley. Es que esto no puede seguir así, he hablado con su padre y vamos a tener que convocarle a usted para que venga a hablar con nosotros, a ver si así reacciona y se da cuenta de lo que está haciendo. Es que un parte de disciplina es algo muy serio, oiga. Usted como tutor lo tiene que firmar para que él nos lo devuelva lo antes posible.
- Bueno, nosotros desde el instituto hacemos todo lo que podemos por su educación. Hablamos mucho con él, y le decimos que la próxima vez que llamen de casa se va a quedar sin salir al recreo y sin ir a las excursiones, pero a él parece que le da igual. A veces no sabemos qué hacer tampoco.
- Bueno, pues a ver si mejora. Yo le voy a apuntar a mi Miguelito la cita en la agenda para que usted venga y ya los hablamos en persona. Tenemos muchos informes de sus hermanos, las vecinas, sus primos, del perro, para que vea lo negativa que es su conducta.
- Bueno, como usted diga señora. Ya usted se lo pone en la agenda y yo lo hablo con él. Mañana cuando venga a mi clase le voy a leer la cartilla, no se preocupe que este no le da más lata.
- Vale, gracias.
- Adios, señora.
.
.
El ministro de educación Gabilondo habla sobre los problemas de autoridad de los profesores:
“Los países más próximos a los estudiantes tienen menos problemas de autoridad, no voy a señalar a los profesores, a veces falta proximidad, clases más amenas y activas, pero es un gran logro social que se haya prolongado hasta los 16 años”. (cadenaser)